El coaching profesional es lo que marca la diferencia

Alguien dijo una vez “trabajo cuando me llega la inspiración. Afortunadamente me llega todas las mañanas a las ocho en punto”.

El coach profesional sabe que lo que hace es un maratón y no una carrera de cien metros. Por eso conserva su energía y prepara su mente para una carrera larga.

El coach profesional no solo está preparado para su trabajo; eso se le supone. Sobre todo está preparado, día a día, para enfrentarse a su propio sabotaje. Su meta no es la victoria, sino sobre todo mantener viva su pasión por lo que hace. Es posible que a veces tenga que escuchar críticas, pero al día siguiente su trabajo será para él como una nueva página en blanco.

El coach profesional se dedica a dominar la técnica, no porque crea que esta es capaz de sustituir a su talento personal, sino porque quiere encontrarse en posesión de todas las habilidades posibles en el momento en que la intuición se presenta.

Para el coach amateur el coaching puede ser un entretenimiento en los ratos libres, un conjunto de herramientas resultonas o una excusa para impartir cursos. Pero para el coach profesional es mucho más que eso, es su vocación.

Puede haber muchos coaches, pero no todos son profesionales. Ser un profesional marca la diferencia. En ocasiones tanto como de la noche al día.

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