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El temperamento es el carácter de las personas. El término proviene del latín temperamentum y está vinculado a la manera de ser y a la forma de reaccionar de los seres humanos; por lo tanto, el temperamento está directamente relacionado con la interacción con el entorno.

La cualidad del carácter de cada cual puede haber sido conformada por una herida emocional infantil que después, con el tiempo, llega a olvidarse. En la formación del temperamento influyen desde luego los genes, pero también ejercen una gran influencia los acontecimientos significativos perinatales y de los primeros años de nuestras vidas. Aunque durante esos años nuestro intelecto no se haya desarrollado en gran medida, sin embargo sí somos muy capaces de recibir fuertes impactos de tipo emocional. Cuando tales impactos son vividos por el niño con la suficiente intensidad, pueden llegar a generar poderosas improntas en nuestro carácter. Es por eso que hoy he decidido plantearte la siguiente pregunta: ¿Conoces la herida emocional infantil que determinó tu caracter?

Para responder a la pregunta anterior me basaré en los tipos de personalidad identificados en el denominado Eneagrama. 

Herida emocional infantil

Desarrollado por Óscar Ichazo y Claudio Naranjo, el Eneagrama es una herramienta tan útil y práctica que está siendo utilizada en psicología, psiquiatría y coaching a fin de darle un enfoque más objetivo y resolutivo a las terapias. A través de él podemos llegar a comprender mejor las motivaciones de fondo que hay detrás de nuestras conductas.

LOS NUEVE ENEATIPOS

No me voy a extender demasiado en el eneagrama, pues existe ya sobrada información publicada sobre el tema. Únicamente me limitaré a describir brevemente los nueve eneatipos que lo integran.

Eneatipo 1:

Su trauma es que se siente imperfecto. Para compensar esta sensación de insuficiencia, crea inconscientemente un ideal de cómo debería ser. En el proceso se vuelve muy autoexigente y crítico consigo mismo. Y dado que nunca alcanza la perfección deseada, tiende a enfadarse y frustrarse con facilidad. Debido a su prepotencia y rigidez, cree que siempre tiene la razón y trata de imponer su punto de vista sobre quienes piensan o actúan de forma diferente. Su aprendizaje pasa por transformar la ira en serenidad, aceptándose tal como es.

Eneatipo 2:

El que necesita amor. Su carencia es que no se quiere a sí mismo. Piensa que amarse es un acto egoísta. Y que lo importante es ser buena persona, priorizando siempre las necesidades de los demás. Cree que cuanto más ayude a la gente, más le querrán. Y que cuanto más le quieran, más feliz será. Pero en el proceso se olvida de sí mismo y de sus necesidades, se vuelve dependiente e incapaz de estar en soledad. Debido a su soberbia, considera que sabe mejor que los demás lo que necesitan y suele dar consejos, echando luego en cara lo que ha hecho por la gente. Su aprendizaje pasa por transformar su orgullo en humildad, atendiendo primero sus propias necesidades emocionales.

Eneatipo 3:

El que necesita valoración. Su herida es que no se valora a sí mismo. Piensa que si no destaca o sobresale en algún ámbito, nadie lo tendrá en cuenta. Y que su valía como ser humano depende de sus triunfos profesionales y del estatus social alcanzado. Tiende a obsesionarse con la imagen, el éxito y el reconocimiento. De tanto esconderse detrás de una máscara acaba por olvidarse de quién verdaderamente es. Y en el proceso se vuelve muy presumido, ambicioso y competitivo, actuando como un camaleón para impresionar a sus interlocutores. Su aprendizaje pasa por transformar su vanidad en autenticidad, valorándose por lo que es en vez de por lo que hace, tiene o consigue.

Herida emocional infantil

Eneatipo 4:

El que necesita atención. Su trauma es que no se ve a sí mismo. Necesita que lo descubran los demás. Y para compensar su complejo de inferioridad, fuerza para convertirse en una persona única, especial y diferente. Al compararse con la gente, suele considerar que le falta “algo” para poder ser feliz, sumiéndose en la envidia, la tristeza y la melancolía. Su egocentrismo le lleva a hablar demasiado acerca de las emociones y sentimientos que habitan en su interior. Sin embargo, suele sentirse incomprendido y padece frecuentes altibajos emocionales. Su aprendizaje pasa por aprender a interesarse más por los demás que por sí mismo.

Eneatipo 5:

El que teme expresar sentimientos. Su mayor miedo es ser incapaz de relacionarse emocionalmente con los demás. Todo lo que tenga que ver con los sentimientos, así como con el contacto físico, le incomoda y abruma. Suele ser distante, frío, reservado y un poco ermitaño. Y tiende a encerrarse en su soledad, regodeándose en su mundo racional, teórico e intelectual. Acumula información y conocimiento sin sentirse jamás preparado para pasar a la acción. Le aterra enfrentarse a la realidad, especialmente cuando surgen compromisos emocionales con otras personas. Su aprendizaje pasa por conectar más con su corazón, encontrando el equilibrio entre lo que piensa y lo que siente.

Eneatipo 6:

El que teme tomar decisiones. Su herida es que no confía en sí mismo. A menudo le invade el miedo y la ansiedad por potenciales problemas futuros. Vive en un permanente estado de alerta para no ser cogido desprevenido. Al sentirse tan inseguro por dentro, tiende a preocuparse obsesivamente con tomar aquellas decisiones que le garanticen la seguridad y la certeza de que todo irá bien. Y para aplacar sus dudas, suele preguntar a otras personas qué hacer con su vida. Su aprendizaje pasa por transformar su cobardía en coraje, cultivando la confianza en sí mismo para asumir las consecuencias de sus propias decisiones.

Herida emocional infantil

Eneatipo 7:

El que teme sufrir. Su problema es que no soporta contactar con el vacío y el dolor que habitan en las profundidades de su ser. Tiende a desarrollar una personalidad divertida, alegre y positiva, utilizando el sentido del humor como mecanismo de defensa. Suele ser hiperactivo y hedonista, obsesionándose con la búsqueda de placer en el corto plazo como antídoto para sepultar su aburrimiento e insatisfacción crónicos. Vive en el futuro, es muy disperso y le cuesta mucho estar presente y concentrarse. Su aprendizaje pasa por cultivar el silencio y el arte de no hacer nada, conectando con la felicidad y el bienestar que residen en su interior en vez de perderse en el laberinto de la evasión.

Eneatipo 8:

El que quiere tener el control. Su mayor miedo es que los demás le hagan daño. Suele protegerse tras una coraza y vivir a la defensiva, reaccionando agresivamente cuando se siente amenazado. Tiende a intimidar por medio de su mirada y su fuerte personalidad. Le gusta estar al mando de las situaciones para no someterse a la voluntad de los demás. No soporta que nadie le diga lo que tiene que hacer y la injusticia le saca de sus casillas. Al sentir que debe proteger su vulnerabilidad, considera que “la mejor defensa es un buen ataque”. Su aprendizaje pasa por soltar el control y aceptar su vulnerabilidad, comprendiendo que nadie puede herirle emocionalmente si no da previamente su consentimiento.

Eneatipo 9:

El que quiere evitar el conflicto. Su trauma es que no sabe lidiar con el enfado de quienes le rodean. Tiende a infravalorarse, suele pasar inadvertido y evita tomar partido para no molestar a nadie. Le cuesta mucho decir “no” a los demás por temor a que alguien se enoje. Para no decir nada inconveniente, escucha más que habla. Cree que su opinión no importa y tiende a amoldarse al pensamiento general. Se resigna fácilmente y tiende a procrastinar, dejando todo para el último momento. Puede pasarse horas tirado en el sofá, regodeándose en su apatía, dejadez y pasividad. Su aprendizaje pasa por transformar su pereza en proactividad, haciéndose valer y aportando valor al mundo.

Estimado lector, ¿ya te has identificado con alguno o algunos de los tipos? Te invito a comentarlo.

Una vez descritos los nueve tipos ya estamos en condiciones de profundizar en el origen emocional de los mismos. Para lo que te voy a contar a continuación simplemente me voy a basar en mis propias experiencias e intuiciones, por lo que en algún caso no descarto estar en parte errado. Eso, cada cual, como protagonista de su correspondiente tipo, lo podrá intuir o terminar de perfilar mejor que yo. También sobre esto admitiré cualquier comentarios.

Como decía, trataré ahora de identificar con más precisión la herida emocional infantil que, en cada caso, pudo ser el desencadenante de su correspondiente máscara de la personalidad o limitante.

LA HERIDA EMOCIONAL INFANTIL

Herida del eneatipo 1:

El niño del tipo 1 posiblemente fue exigido con severidad y pocas veces reconocido. Para compensar su sentimiento de inadecuación necesitó protegerse tras un rígido ideal de perfección. Rara vez fue aceptado tal cual era, sino que siempre se sintió ridículo e insuficiente. Para sentirse querido y reconocido necesitó siempre hacer más y más méritos. Y todo ello sin rechistar. Por eso de adulto se exige tanto y se guarda tanto las cosas antes de ser capaz de explotar con hostilidad.

Herida del eneatipo 2:

El niño del tipo 2 posiblemente fue domesticado o manipulado, a base premios y castigos afectivos, para complacer a los demás. Si me obedeces, eres un niño bueno. Y si no, eres malo y no te querré. Por eso de adulto busca la recompensa a sus “altruistas” esfuerzos en el afecto o la reciprocidad de los demás. Y si no lo recibe, se sentirá plenamente legitimado para exigirlo tendiendo al victimismo y a la dependencia afectiva. Aún de adulto, buscará siempre la forma de ser un orgulloso “niño bueno”.

Herida del eneatipo 3:

El niño del tipo 3 posiblemente fue comparado y menospreciado injustamente. En su entorno familiar fueron muy valoradas las formas, las apariencias o el ¿qué dirán? Por eso de adulto necesita adaptarse vanidosamente a las expectativas del ambiente para destacar y conseguir aprecio que en el fondo duda de merecer.

Herida del eneatipo 4:

El niño del tipo 4 posiblemente fue ignorado o no recibió el afecto suficiente. Por eso el adulto del tipo 4 es un niño que “llora” permanentemente reclamando lo que en un momento dado necesitó y no llegó a recibir. Envidia lo que él cree que los demás recibieron y el no. Por eso siempre le parecerá el campo del vecino más verde que el suyo. En su afán de reclamar atención pueden desmarcarse mostrándose originales, especiales o bohemios.

Herida del eneatipo 5:

El niño del tipo 5 posiblemente fue comparado, rechazado y traicionado en el afecto. Seguramente fue víctima de alguna intromisión importante en su espacio físico o emocional que limitó el natural despliegue de su vida afectiva. No pudiendo dar rienda suelta a sus necesidades afectivas se resignó y se refugió en su mundo intelectual. Podría decirse que en vez de experimentar el afecto y la comprensión, no le quedó más remedio que imaginarlo o idealizarlo platónicamente. Por eso el adulto tipo 5 tiende a levantar barreras emocionales y a mostrarse algo refractario a los compromisos afectivos. Para protegerse de su herida infantil no encontró otro remedio que volverse autosuficiente, escéptico, hermético, discreto y distante.

Herida del eneatipo 6:

El niño del tipo 6 posiblemente fue asustado, humillado o avergonzado severamente en algún momento de su infancia. Por eso el adulto tipo 6 siempre tendrá temor a equivocarse y ser amonestado. En su interior se sembró la cobardía. Dudará bastante, necesitará muchas opiniones previas y también tenerlo todo planificado al máximo antes de dar un paso adelante. Solo quiere agradar a todos y no cometer errores.

Herida del eneatipo 7:

El niño del tipo 7 posiblemente fue un niño mimado, consentido y colmado de atenciones. Por eso el adulto tipo 7 es de naturaleza narcisista, entusiasta y caprichosa. En las compras le gusta mucho cambiar de modelo y estar a la última. O por ejemplo, nada le importará embarcar a todo el mundo en alguna iniciativa para, rápidamente, dejarlos a todo colgados porque ha cambiado de idea y desea hacer otra cosa, con otras personas. No soporta el dolor, en cuanto le llega un marrón hará todo lo posible por delegarlo en quien tenga más a mano. El adulto tipo 7 no puede parar de elaborar nuevos planes y de probar evasiones nuevas. Para él la vida es una caja de bombones.

Herida del eneatipo 8:

El niño del tipo 8 posiblemente fue desafiado, humillado y separado injustamente. Por eso el adulto tipo 8 posee un caracter dominante, vengativo y retador. Le gusta ser el centro, rodearse de acólitos y tenerlo todo y a todos bajo su control. Es un bloque, un bunquer o un castillo que oculta un gran temor y vulnerabilidad.

Herida del eneatipo 9:

El niño del tipo 9 posiblemente fue regañado severamente e ignorado afectivamente sin entender el motivo. Por eso el adulto tipo 9 es muy respetuoso, dócil, dependiente afectivamente, conformista y conciliador. Tiende a evitar siempre cualquier tipo de conflicto.

Nada de lo anterior significa que debamos culpar a los padres o educadores. En primer lugar porque lo determinante es la interpretación que hace el niño y no tanto los hechos objetivos. En segundo lugar porque posiblemente nuestros padres fueron también víctimas de las mismas o parecidas heridas en su propia infancia. Y seguramente actuaron así sin ser muy conscientes del motivo por el cual su temperamento les impulsaba a ello.

Intentaré ahora desentrañar las motivaciones de fondo o preguntas de tipo primario que tienden a alimentar, de forma sublinal, los actos de cada eneatipo en cualquier circunstancia.

LA PREGUNTA PRIMARIA

Pregunta del eneatipo 1: ¿Cómo consigo hacerlo o tenerlo todo impecable para evitar el ridículo?

Pregunta del eneatipo 2: ¿Cómo logro ser más políticamente correcto para integrarme mejor?

Pregunta del eneatipo 3: ¿Cómo consigo destacar o aparentar para que me aprecien y me respeten?

Pregunta del eneatipo 4: ¿Cómo hago para que me vean, me consuelen y me atiendan?

Pregunta del eneatipo 5: ¿Cómo hago para apañármelas solo y no necesitar a nadie?

Pregunta del eneatipo 6: ¿Cómo hago para no dar un paso en falso?

Pregunta del eneatipo 7: ¿Qué es lo siguiente?

Pregunta del eneatipo 8: ¿Cómo me protejo, me fortifico o me aplomo dominando mi entorno para evitar ser expulsado, desautorizado o marginado?

Pregunta del eneatipo 9: ¿Cómo evito el conflicto para no ser abandonado?

Es posible que todos tengamos algo de cada uno de los tipos, sin embargo lo habitual es que uno o dos de ellos sean los dominantes en nuestro carácter.

Nuestra alma es potencialmente ilimitada, sin embargo debe ajustarse al rígido molde del mundo en el que encarna. Seguramente ella haya elegido de forma previa al nacimiento la máscara o limitante más adecuada a los talentos que necesitaría desarrollar para cumplir su particular función en el mundo. Por tanto creo que es bueno asimilarlo todo como maravillosas oportunidades para el despliegue de talentos.

Debemos aceptar plenamente a nuestro niño herido, comprenderlo, consolarlo, acogerlo e integrarlo. Y después, tomándolo cariñosamente de la mano, seguir avanzando junto a él en la linea de nuestros valores.

El ser humano, como especie, no deja de evolucionar hacia una vida más gratificante y armónica. En el mejor de los casos, si cada uno de nosotros somos capaces de hacer consciente nuestra herida emocional infantil, de integrarla y de sanarla; entonces no se la trasladaremos a nuestros descendientes y podrán crecer con temperamentos mucho más equilibrados y frescos. Y probablemente también disfrutarán de vidas más felices y auténticas.

Personalmente utilizo todos estos conocimientos sobre la naturaleza humana, además de otros muchos recursos, para lograr unas sesiones de coaching altamente efectivas.

Quiero terminar con una frase cuyo autor desconozco. Si alguien me indica el autor lo añadiré con gusto.

Antes de juzgar mi vida o mi carácter.. ponte en mis zapatos, recorre el camino que yo he recorrido, vive mis penas, mis dudas, mis risas. Recorre los años que he recorrido y tropieza ahí, donde yo tropecé y levántate así como yo lo he hecho. Cada cual tiene su propia historia.

Y entonces ahí, podrás JUZGARME.

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